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03

Nov-2016
hdm

Berengela de Castilla: la historia de nuestras habitaciones

Como te hemos ido contando, nuestras habitaciones toman nombre de mujeres célebres que dejaron huella en la historia. Y hoy toca hablar de la reina Berenguela I de Castilla fue conocida como La Grande. No en vano fue madre de Fernando III el Santo y abuela de Alfonso X el Sabio. Con rigor y eficacia, supo asumir su herencia al trono de Castilla que cedió a su hijo, al que apoyó en su camino para conseguir también la corona de León.
Berenguela nació en 1180 en Segovia. Era la hija mayor de Alfonso VIII de Castilla, apodado El Bueno, y Leonor Plantagenet, hija de la gran reina Leonor de Aquitania. El nacimiento un año después de un heredero, Sancho, la reemplazó muy poco tiempo de la línea sucesoria, pues murió siendo todavía un niño.

Ante la perspectiva de no engendrar a un nuevo varón, el rey Alfonso decidió afianzar su sucesión en la figura de su hija. Lo primera que hizo fue elegir un esposo fuerte que defendiera en un futuro los derechos dinásticos de su esposa. Así, en 1888, cuando Berenguela era una niña de 7 años, fue desposada a Conrado de Rothenburg, hijo del emperador Federico Barbarroja. En la misma ceremonia realizada en Castilla, los contrayentes fueron jurados como herededos al trono castellano. Conrado volvió a su Alemania natal a la espera de que su pequeña esposa se convirtiera en mujer. Nunca más volvieron a verse.

Pasados los años, no sólo desaparecieron los intereses políticos iniciales de ambas familias, sino que fue la propia Berenguela quien rechazó a su esposo.

Cuando la joven heredera había cumplido 17 años, contrajo matrimonio con Alfonso IX de León. La unión suponía una ocasión importante para terminar con los conflictos fronterizos que desde hacía años se sucedían entre las dos coronas. Pero el matrimonio, que podía garantizar una paz duradera entre Castilla y León fue sancionado en 1204 por el Papa Inocenció III quien ordenó su anulación pues Alfonso y Berenguela eran parientes en tercer grado.

A pesar de la nulidad matrimonial, el Papa aceptó considerar como legítimos a los cuatro hijos que la pareja había tenido, entre ellos, el que sería futuro rey, Fernando III.

Separada de su marido, Berenguela marchó al lado de sus padres donde se dedicó al cuidado de sus cuatro hijos.

Cumpliendo los deseos de su madre, Berenguela ejerció como regente de su hermano hasta que Enrique murió accidentalmente en 1217.
En aquel momento, Berenguela era la única heredera del trono de Castilla. Sin embargo, nada más ser nombrada reina, abdicó en favor de su hijo Fernando.
Cuando en 1230 falleció Alfonso IX, se planteó su derecho al trono de León. Fernando no era el único que aspiraba a coronarse en el reino vecino. Sancha y Dulce, dos hijas habidas de un primer matrimonio de Alfonso, también anulado, con Teresa de Portugal, reclamaron sus derechos sucesorios.

Fue la mediación entre las dos reinas madres lo que evitó un conflicto armado. A cambio de importantes rentas y beneficios, Sancha y Dulce renunciaron a reinar. Así, el 7 de octubre de 1230, Fernando de Castilla era también proclamado rey de León.

El 8 de noviembre de 1246, moría la reina Berenguela La Grande de Castilla a los 66 años de edad. Ninguna crónica dudó de la inteligencia y habilidad a la hora de gobernar y ayudar a gobernar a su hijo Fernando III el Santo quien, sin duda alguna, no habría conseguido reinar sin el consejo de su madre, una reina madre fiel en la sombra.

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